Que tendrán las ciudades?
Por qué será que el recorrerlas o el mismísimo viaje hacia ellas despierta en mi cierta nostalgia?
Pero no una nostalgia triste, melancólica, sino una nostalgia de alegrías. Más como un añoranza por activarse la memoria con lindos recuerdos.
Ríos, mares, montañas, paisajes con lagos, caminos ocultos entre bosques. Tantas cosas que se conocen viajando y que se viajan conociendo. Hermosas cosas. Aunque cosas duras también. Como rocas con formas humanas y también humanos con corazones de piedra. Pero que el conocerlos lo hace menos duro a uno mismo.
Pero esa tecla que se activa en determinadas ciudades, no se activa en cualquier lado. Por más hermoso que sea.
Las ciudades de Mendoza, La Plata y Mar del Plata acccionaron ese interruptor.
La ciudad de San Martín rodeada del agite del Oeste, del rio y sus playitas y de la mil veces cruzada Avenida General Paz.
La hermana o prima ciudad de Montevideo. Con su prima o hermana murga y su primo-hermano candombe. Con su casi idéntico mate y su nunca bien ponderada pizza a la cancha sin muzzarella.
Ciudades visitadas y recorridas dentro y fuera del circuito turístico. Muchas veces dentro y fuera al mismo tiempo.
Sin embargo, ciudades como Córdoba capital o Barcelona, despiertan esa tecla o activan ese fusible aún si haberlas caminado jamás.
Qué tendrán entonces las ciudades?
O qué tendrán algunas ciudades para cada uno?
Es evidente que muchas conservan los recuerdos sin que se vuelen por el viento ni se los lleve el agua.
Es evidente que algunas ciudades de alguna manera atrapan los recuerdos, los sostienen, los esconden, los protegen del olvido, del silencio o de la evaporación. E incluso hay algunas ciudades que tienen los recuerdos desde antes y esperan a que sus dueños los vayan a buscar.