domingo, 19 de septiembre de 2010

LOS VIAJES

Los vínculos humanos son así: se hacen y se deshacen. Y hay que disfrutar de ese viaje.
Como la vida misma: se nace y se muere. Y es otro viaje. Más largo. El más largo probablemente.
Pero hay otros viajes: de la salud a la enfermedad y viceversa.
Hay viajes largos que uno piensa que nunca van a terminar. Pero en algún momento terminan.
Y muchas veces, viajes que empezaron en distintos momentos y convivieron paralelamente, terminan a la vez en la misma décima de segundo.
Hay viajecitos que desde la terminal parecía que iban a ser cortos y todavía no terminaron.

En los viajes hay, generalmente, carteles y señales. Algunas se ven claramente.
Otras no.
Hay caminos más oscuros y otros más iluminados, asfaltados y con teléfonos de emergencia al costado de la ruta.
Y hay caminos en donde mejor no pinchar una rueda.

Hay viajes que uno hace solo y viajes que son acompañados.
El viaje que te permite muchísimos otros viajes, es el que más lo vale.
Y uno elige que viajes emprender.
Desde el viaje de nacer, uno va armando su viaje con los caminos que se le presentan, que busca o que encuentra, muchas veces pareciendo ser por pura casualidad (que claro está que no existe).
Y uno decide hasta donde andar cada viaje.
Puede decidir seguirlo hasta el final. Aunque después cambie de opinión. O puede alejarse, no entrar, no asomarse, y buscar otro camino.
Por miedo.
Por miedo a perderse.
O por miedo a que duela.
O por miedo a que duela perderse. Olvidándose la opción posible, el porcentaje, las probabilidades de encontrarse.
Quizás ante la entrada del camino y el inicio de un nuevo viaje, uno evalúe que no lo vale. Que no vale el dolor, la pena, el esfuerzo… aventurarse a ese viaje. Sin garantías. Sólo por el placer de aventurarse en él. E igual estaría bien.
Quizás uno se siente cansado de viajar y decide sentarse a descansar. Y no toma ningún camino.
Pero esa decisión, ese NO-CAMINO, ese descansar sin elegir o, directamente, elegir descansar y nada más… es otro viaje en sí mismo.

Si es un viaje guiado por la exploración misma del viaje, entonces es válido.
Pero si es un viaje guiado por el miedo, va a ser un viaje estático, inerte, oscuro y, probablemente, triste.
Un viaje guiado por el miedo al dolor, no puede llevar a otro lado que no sea al mismísimo dolor.
Un viaje guiado por el deseo de experiencias, no puede ir hacia ningún otro lado que no sea el disfrute y la valoración de todas las experiencias.

Los viajes los definen los viajeros y la vida misma.
Pero la gente con miedo a viajar, termina definida sola y exclusivamente por la vida misma que le tocó, le toca y le irá tocando en suerte.

lunes, 13 de septiembre de 2010

LAS TERRAZAS

Nos unimos por la medianera de nuestras terrazas.
Unos días en mi casa y otros días en su casa.
Ambas terrazas son distintas, como son distintas también las casas.

Los días de lluvia hay que mojarse al saltar la medianera.
Aunque muchas veces la manera es no verse y extrañarse o saltar a la medianoche cuando la tormenta calmó reproches y las almas sólo piden enlazarse.

Cada casa tiene su puerta, tiene su timbre y cerradura.
Pero el secreto es que sabemos que en las terrazas no hay censura, no hay pudores ni ataduras.

Cada terraza tiene su magia y tiene la medianera que se merece. Las hay más altas y hay más bajas, con botellas rotas o alambres de púa. Las nuestras tienen una escalera que se comparte y se va pasando de lado a lado. Algunas veces te facilita la ida, y otras hay que trepar y bajar escalonando.

Cuando por lluvias intermitentes, cada uno sube sin hallar al otro, desencontrados de algún encuentro, en la medianera florecen versos. Crecen palabras e incluso frases, con adjetivos, metáforas y verbos. No se escurren por el agua ni se los vuela el viento.
Y son sus frutos nuestro alimento.

sábado, 11 de septiembre de 2010

LOS SINÓNIMOS

Si uno buscara razonar el significado de la frase más popular compuesta por dos palabritas “Te” “Amo”, estaría en serios problemas. Contaría con muchísimos inconvenientes para despojar del análisis o pseudo-investigación lingüística todas las subjetividades propias del plano del romance, las emociones, los sentimientos y demás abstracciones míticas o mágicas de los misteriosos secretos del sistema nervioso central.

Quizá un poco más amables y dóciles sean las otras palabritas de la frase “Te” “Quiero”.
Éstas permitirían, al menos una, explicación lógica.
“Te quiero” podría ser justificada o explicada como la abreviatura resultante de la síntesis de múltiples frases que indicarían una serie de deseos hacia otra persona, animal o ser vivo cualquiera. Podría ser tanto el resúmen de “te quiero ver” como de “te quiero agradecer”. Podría estar sugiriendo “te quiero tener junto a mi” como “te quiero extrañar menos”.
Podría funcionar tanto como afirmación de “te quiero hacer feliz” como de un inocente pedido “te quiero pedir abrazos”. “Te quiero escuchar y sentir” o “te quiero coger y hacer el amor”. “Te quiero en mi vida” y “Te quiero cuidar”.

Pero con el “Te amo” no hay ninguna explicación que pueda satisfacer o siquiera intentar convencer a un lingüista serio. Salvo la explicación de ese genio. Un genio cualquiera, de esos genios que uno se cruza en algún bar a altas horas de la noche, que al esbozar con gesto de escritor maldito y artista sufrido la sentencia de su vida, ante el auditorio compuesto por una sola persona con un cuaderno, me dijo: “te quiero” y “te amo” son sinónimos. Pero “Te amo” es una frase mucho más linda y muchísimo más difícil de pronunciar.

viernes, 10 de septiembre de 2010

EL EMPALAGOSO

Pienso en panqueques con dulce de leche y pienso en tu boca.
Pienso en manzana con miel y pienso en tu piel.
Pienso en chocolate con almendras y pienso en tu hombrito.
Pienso en caramelos masticables y en helado y bomboncitos.
Pienso en unas flores bien dulzonas y pienso en un rico vino.
Pienso en tus ojos, tus orejas, tus pechos y tu ombligo.
Pienso en mermelada y mate dulce a la mañana.
Pienso en tus caderas y en tus piernas tan ligeras.
Pienso en tu nariz, tus lunares y tu cola.
Y me siento mas empalagoso que Eduardo Aute con un ramo de rosas y una caja de bombones con forma de corazón y envoltorio rojo.