lunes, 15 de noviembre de 2010

EL DÍA

No es lo mismo estar al día que vivir al día.
El primero implica haber saldado deudas y el segundo que siempre se está sobre el límite de adquirirlas.

No es lo mismo decir “Tuve un buen día” a decir “Éste fue mi día”.
Saquen sus propias conclusiones...

Más fácil de entender es la dicotomía entre vivir de día o dormir de día.
Eso lo puede entender hasta un pequeño infante de cualquier jardín.

Pero por qué uno emplea más frecuentemente la frase de fastidio “uff… qué día” y nunca dice “uff… que mes” o “uff… qué hora”?
Algunos quizás apelen y digan usar la frase “uff… qué año” o en su versión diminutiva “tuve un añito…” pero esto se aplica dentro de un contexto de resignación, autocompasión y tristeza (superada o no). Un enfoque muy lejano al sentimiento de fastidio del “uff… qué día”

En esta sociedad, la principal medida de tiempo es el día.
La gente la lleva en sus muñecas o ha trasladado la ansiedad del tiempo a sus celulares telefónicos (esos aparatos que todavía conservan la función de teléfono para comunicaciones orales a distancia).
“Hasta mañana” es eternamente más concreto que “Hasta pronto” o un “Hasta luego”.
“Hasta ahora…” es muchísimo más efectivo que un “Todo terminó”
“hasta ahora estaba seguro” es extremadamente demoledor comparado a un “No sé si estoy seguro”.

Cada día puede ser distinto a los otros.
Y hasta ahora nadie me ha convencido de que he vivido el mejor día de mi vida.
Y de eso estaba muy seguro.
Hasta ahora.

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