martes, 10 de agosto de 2010

EL ÚNICO AMOR

Entre más de dos amores, las cosas se sienten complicadas.
No es fácil ser coherente en todo, ser sincero en todo. No mentir en casi nada.
A partir del segundo amor, ya todo empieza a tornarse conflictiva, libre y terminantemente efímero. Pero hermoso.
Sin embargo, es tolerable.
A un amor se le puede dedicar un poco más de energía emocional mientras que al otro amor, un poco más de energía de la racional. Y así se lleva.
Pero con más de dos amores las cosas definitivamente se complican.
Y hay amores que no pueden convivir. Hay amores que no toleran saludarse, conocerse, observarse. Ni siquiera admirarse respetuosamente desde una discreta distancia prudencial.
Y cuando se tiene más de dos de esos amores, en ese tipo de situaciones, uno siente que debe elegir. Y no sabe por cuál elegir.
Pero se siente tan gloriosamente magnífica la sensación de esos amores tan distintos entre sí, tan opuestos o complementarios, tan diferentes o poco parecidos… tan hermosos en sus distintas formas y lenguajes, estructuras y dinámicas.

Pero en definitiva se trata de “amor”. Palabra tan bastardeada. Tan encerrada en cursilerías del único amor que pareciera ser válido y legítimo para gran parte de esta sociedad.
Después de haberle hecho creer a la gente que existe un solo tipo de amor, se busca destruir ese foco, ese monopolio, ese núcleo condensado de creación y esperanza, con el exacerbo y la pontificación de la carne. El destino fatal. El escrito final.
Sin amores reales existentes, no hay rebelión, creación, interpelación, modificación, valoración ni cuestionamiento alguno al sistema vigente.

Entonces tendría que festejar con alegría infinita el tener más de dos amores.
Aunque resulte complicado.
Aunque sienta que debo racionar la energía que les dedico a cada uno. Aunque sienta que uno de esos amores merece más energía de la que le estoy dedicando. Aunque sienta que uno de esos amores merece toda mi energía.
Aunque el sistema te repita que “el que mucho abarca poco aprieta”. Como si lo verdaderamente correcto e importante fuera querer “apretar”. Y no el hecho mismo de abarcar, expandirse, explorarse. Buscar y buscarse. Pero siempre desde el amor. O, mejor dicho, con amores. Con distintos amores. Incluso, distintos tipos de amores.
Un único amor que contenga todos esos amores.
Y cada uno de nosotros es ese único amor.

1 comentario: